Un profesor al que muchos miran con admiración, otros con asombro y, seguramente, también muchos con reticencia. Famoso por acercar el currículo de su asignatura a elementos de la actualidad de sus estudiantes, Cristian Olivé, nos ha cautivado y contar con él para nuestro próximo Encuentro didáctico ProfeDeELE no puede ser sino un honor. Conversamos con él un poco.

ProfeDeELE: ¿Qué le podemos decir sobre ti a alguien que no sepa quién eres?

Cristian Olivé: Soy profesor de lengua y literatura en secundaria.También doy clases en el máster de formación de profesorado de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, escribo artículos en la revista Archiletras y hablo de adolescentes y educación en la sección «Reunió amb el tutor» del programa Tot és comèdia en la cadena Ser Catalunya. Este año he publicado el libro Profes rebeldes. El reto de educar a partir de la realidad de los jóvenes (Grijalbo, 2020) en el que defiendo una educación basada en los intereses de los adolescentes.

Toda esa innovación metodológica ¿de dónde sale? ¿Qué te ha hecho ser como eres?

Viene de la necesidad de revolucionar la manera de enseñar mi materia de un modo significado y honesto. A lo largo de mi experiencia académica, he podido comprobar que podía extraer mayor potencial de mis alumnos cuando buscaba removerlos por dentro y despertarles el espíritu crítico. En mi caso, el secreto está en escuchar a mis alumnos e intentar aportarles lo que de verdad necesitan.  

“La energía no se crea ni se destruye, solo se transforma”, pero ¿de dónde sacas toda esa energía que, sin duda, se requiere para hacer todo lo que haces?

Supongo que me ayuda ser una persona inquieta y curiosa. También me motivan las reacciones de mis alumnos. Piden más y ese es mi mayor estímulo. Por eso, la tarea del docente debe ser despertarles la chispa para ir más allá. El placer por aprender se contagia; no debe imponerse.

Existe mucho debate sobre el uso del móvil en clase. Ya se está prohibiendo su uso en el aula en muchos centros, incluso mediante normativa autonómica, pero también hay ahora más profesorado interesado en explotar las opciones que un móvil puede aportar a una clase. ¿Tienes alguna receta para encontrar el equilibrio?

No existe receta pero es evidente que tenemos que cometer muchos fallos para encontrar el mejor camino. Los teléfonos móviles deben estar en el aula porque forman parte del día a día de los adultos y también del de los adolescentes. Los docentes debemos darles la vuelta y usarlos como una herramienta educativa, que sin duda lo es. El equilibrio de metodologías pedagógicas siempre es una buena solución. Por eso también es necesario fijar unos límites con el uso de los teléfonos móviles pero sin llegar a la prohibición. Para educar en el uso responsable no hace falta tener siempre el móvil en la mano. 

¿Cómo crees que será (o esperas que sea) la educación en el futuro próximo y lejano?

Creo que la educación del futuro fijará unos objetivos muy distintos. Importará el trabajo en equipo; no será necesario que todos los alumnos acaben sabiendo lo mismo sino que se apostará por desarrollar las habilidades de cada uno; se modificarán los espacios de estudio para que sean más abiertos y relajados; se reducirá el número de horas de los alumnos para que no parezcan jornadas laborales; el papel del docente dejará de ser de transmisor de conocimientos y pasará a ser acompañante y estimulador de talentos ocultos. En cualquier caso, espero que las humanidades tengan mucho más papel que ahora…

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